Google+

28 jun. 2012

El Sovereign Light Café por William Boyd : Una historia corta inspirada por Keane

Hace ya varios días se publico en The Guardian esta historia. Es interesante por lo tanto me dia  la tarea de traducirla. Espero la disfruten. Mil Saludos. Se reciben criticas y sugerencias.

Fuente Original: http://www.guardian.co.uk/books/2012/jun/16/william-boyd-short-story-keane?CMP=twt_gu

Publicado originalmente el día:  Sabado 16 de Junio
Traduccion: Atlanticism @facethenight

El Sovereign Light Café



Bethany Mellmoth corre dentro de la estación Victoria tratando de no parecer tan perturbada pero probablemente fracasando, piensa. Ella mira atrás, preguntándose si de alguna manera Demerson  se las ha arreglado para seguirla, pero no puede ver a nadie en la apretada multitud  de pasajeros presurosos.  Sus ojos miran rápidamente al horario de salidas buscando destinos. Trenes que están por salir a diferentes lugares. Ella mira: Hastings. Sale en tres minutos. Battle en Hastings. Guerra. 1066. La flecha en el ojo. Eso es para mí. Compra un boleto para el tren. Corre a la plataforma.


Ella había venido a  casa, muy a su pesar, a preparar la despedida de soltera de su mamá. ¿Por qué una mujer de cincuenta y tres años quería una despedida de soltera  dado que su primer matrimonio (el matrimonio que produjo a Bethany) se había vuelto un miserable y cruel accidente? Toco el timbre y Demerson abrió. Demerson, 35 años, elegante y exageradamente perfumado en una ropa de baño, su próximo padrastro.  "Hola, Bethany," dijo. "Tu mama salió."

En el tren a Hastings, Bethany paga por un boleto sencillo hasta el final del camino a Hastings. £32 libras – diablos. Le quedan £4 y algo de cambio. Y sin teléfono. ¿Cómo pudo haber salido sin su teléfono? ¿Cómo iba a funcionar – a vivir? No importa, se dice a sí misma, estas a salvo, eso es lo principal. Demerson no puede seguirte. Nunca podría saber que tomaste un tren  Hastings.

Bethany fue a su habitación y miro sus vestidos colgando en su armario. Escogió el rojo – el Coco Fennell –  y lo puso sobre su cama. Ahora que tenía su propio apartamento ella debería llevarse sus cosas – especialmente ahora que Demerson estaría viviendo aquí en el futuro–, en la ‘casa familiar’. A ella le agradaba Demerson – el era amigable, alegre –pero deseó que su madre no se casara con él. Sin embargo, se dijo firmemente a sí misma, no era su vida – era la vida de su madre. Ella tenía su propio camino que recorrer y el nido tenía que ser dejado de una vez por todas – tenía 23 años, por  Dios santo. Tenía que dejar de venir a casa. Tal vez este matrimonio era una especie de bendición – la conduciría lejos –  haciéndola de verdad independiente, finalmente. Se quito la ropa y se probó el vestido rojo. Se veía bien. Maldito cierre. Como te atreves a…– Demerson entro a su habitación sin tocar. ‘’ No te preocupes Bethany, yo te ayudo a subirlo. Qué bonito vestido. Sexy. ’’ 

Después de Haywards Heath, yendo al sureste, los nombres se vuelven extraños, como si estuviera entrando a un país extranjero. Este tren parece detenerse en cada estación, piensa. Plumpton, Lewes, Polegate, Pevensey y Westham, Cooden Beach. Es como si hubiera caído en el agujero de un conejo y llegado a esta bizarra Inglaterra de juguete, se dice a sí misma. Ella reposa su frente en la ventana fría y mira afuera el paisaje del atardecer. Intenta no llorar.

Demerson subió su cierre y antes que ella pudiera decir  ‘’Gracias’ él tocaba sus pechos abrazándola desde atrás, empujándola hacia él. ‘’ Me gustas mucho, Bethany, ’’ murmuro en su oído, y le beso el cuello. Bethany pensó: Este es mi futuro padrastro. ‘’Eres hermosa, muy atractiva, Bethany, ’’ dijo, acariciando su cabello mientras ella luchaba, gritando su nombre, diciendo, ‘’ ¡Vete al diablo, Demerson!’’

El tren se detiene de nuevo, pareciera que solo ha avanzado doscientos metros desde la última estación.  Ella mira el anuncio, borrosamente, a través de sus lágrimas: BEXHILL–ON–SEA. Ella piensa inmediatamente – aquí me bajo. Este es el lugar para mí. De repente, ella se siente segura.

En su lucha, Bethany consiguió liberar su brazo derecho e instintivamente, giro repentinamente su codo y golpeo a Demerson al lado de la cara. El cayo de repente como si hubiera sido baleado, gritando, maldiciendo en voz alta. Ella retrocedió. El estaba sobre sus manos y sus rodillas, moviendo la cabeza. A ella le dolía su codo – debió haberle pegado en la nuca, pensó, en un instante de razón. Golpe directo. Ella lo vio desplomarse, luego incorporarse en sí mismo. El trato de pararse pero ella ya estaba fuera de la habitación, cerrando la puerta detrás de ella. Al fondo de las escaleras, ella se dio cuenta que había dejado su bolso, su teléfono y su cartera en su habitación.  Abrió de golpe el cajón de la mesa en el pasillo donde su mamá dejaba el dinero para la señora de la limpieza. Tomo algunos billetes y algunas monedas. Agarro su abrigo, escucho la puerta abrirse y a Demerson salir. El gritaba mientras bajaba  ‘’ ¡Te atrapare, Bethany! ¡Te encontrare! ’’ Entonces ella se fue. Afuera, por el camino Hollywood, corriendo a la estación del metro en Fulham Broadway. Sin mirar atrás. 

Bethany sale de la estación Bexhill–on–Sea y camina hacia Eversley Road, instintivamente yendo hacia la costa, el mar.  Pasa por una cabina telefónica y recuerda lo que ha pasado. Su madre y sus amigos se encontraran en un karaoke–bar en Putney. Bebidas, bocadillos, canciones. Ella entra en la cabina, marca el número del celular de su madre apretando la preciosa moneda de una libra…  ‘’Soy Alannah Mellmoth. Por favor deja un mensaje después del tono. ’’ Ella piensa rápido. ‘’ En verdad, en verdad, lo siento mamá, no puedo llegar esta noche…’’ improvisa. ‘’Sholto está enfermo. Tengo que llevarlo al hospital, Te llamo después. Te quiero. ’’ Bip–bip–bip, Sholto es su amigo más antiguo– el hará lo que sea que ella le diga, apoyarla incondicionalmente.  Ella cuelga. No es el momento para contarle a su madre sobre su futuro esposo.

Mientras se apresuraba a Fulham Broadway seguía pensando que podía oír pasos corriendo detrás de ella. ¿Acaso Demerson pudo haberla seguido tan rápido? Seguramente no. Se detuvo y miro hacia atrás – ¿era él? – corrió a la estación y fue al final de la plataforma. Sin señal. Un tren llego pero ella espero hasta el último momento, agachándose entre las puertas automáticas mientras estas se cerraban. No – debió haberla perdido.

Bethany se levanta al final de Albany Road y mira con algo de asombro al De La Warr Pavilion. ¿Qué hace este gigante y extraordinario edificio en esta modesta costa?  Es como una nave espacial gigante al estilo Art–Deco que ha aterrizado –  como en esa película ¿Cómo se llamaba? ¿Alíen? No. Si, Alíen, la primera. Ella entra y encuentra los baños para damas afuera del recibidor. En una caseta ella se sienta sobre el retrete y deja que las lágrimas corran, en silencio, sus hombros le tiemblan. Se tranquiliza a sí misma. Está a salvo  – no necesita hacer nada. No pienses, niña, no pienses, se dice a sí misma. Simplemente dejar pasar la vida por una hora. Ella revisa su dinero. 3.77 libras. Tiene hambre. Merodea en el recibidor por un rato y entra en una tienda, fingiendo mirar postales y la mercancía. Levanta un folleto gratis: ‘’La guía oficial de Bexhill–on–Sea. Cuna del Automovilismo Británico. ’’  Lo desliza en su bolsillo y  camina hacia la avenida.
Bethany se acerca al West Parade, la playa empedrada y el mar tranquilo y gris a su izquierda, la luz en el cielo comienza a desvanecerse cuando la noche se acerca. Ella imagina a su madre en el karaoke– será la primera, cantando, ’’I can’t get no —satisfaction’’. Bethany sonríe, muy a su pesar: su madre piensa que tiene una gran voz – que no es cierto– y afirma siempre que Bethany heredo su talento como cantante. En una ocasión,  cuando Bethany le dijo que iba a unirse a una banda como vocalista– una banda techno–folk, lo cual sucedió – ella pudo ver un claro brillo verde de celos en los ojos de su mama. Ella intenta dejar de pensar en su madre. ¿Cómo es que le va a contar sobre Demerson? ¿Cuál es la mejor estrategia en esta situación? ‘’Mamá, por cierto, tu futuro esposo trato de cogerme’’. Bethany siente el enojo en su boca. Se acaricia su codo amoratado.  Ella espera que la cabeza de Demerson este adolorida, palpitando y con moretones– tal vez le dejó un ojo negro. Bien. Ella tienta en su bolsillo, sin pensarlo mucho buscando sus cigarrillos. No están. En el bolso en su habitación. Necesita un cigarrillo –  con urgencia.

El Sovereign Light Café, lee. Una pequeña cafetería con forma de caja de madera en la avenida Parade con unas pocas sillas y mesas de aluminio afuera. Bethany camina alrededor y mira fijamente hacia adentro. Muros de madera pintados de amarillo claro con persianas purpura, dos o tres clientes encogidos sobre sus tazas de té. Ella tiembla – está oscureciendo y las ventanas del Sovereign Light Café brillan con una cálida luz sobrenatural en la penumbra que avanza.

Demerson nunca la miraba de manera directa– esa es la manera en que los hombres te miran cuando piensan que no sabes lo que están pensando pero lo sabes. No había nada en su comportamiento hacia ella que la hiciera sospechar  o que hiciera incomoda su compañía.  Un hombre rollizo, muy bien parecido que tenía un negocio de limpieza de ventanas– así su madre lo conoció. El y su equipo limpiaron las ventanas del piso de oficinas donde estaba la de ella. Bethany pensó que era tan solo otra aventura – su madre se sentía atraída por hombres extranjeros– pero se equivocaba, era algo más serio esta vez. Cualquier nacionalidad era buena para su madre – no era quisquillosa – en tanto el hombre no fuera ingles. Ella tuvo un novio griego, uno ghanés, uno croata, y dos españoles.Bethany imaginaba que era una manera subconsciente de regresar a su ex–esposo ingles – o de desgastar sus recuerdos de él con todos esos hombres extranjeros, muy diferente.

Bethany vaga alrededor del Sovereign Light Café – tal vez esa es la respuesta – debería llamar a su padre, saber que sugiere. Pero su padre está en Los Ángeles y ella no tiene celular  y  nada más que £3.77  en su bolsillo. Ella se detiene frente a un pizarrón y mira la lista de emparedados en oferta. Mostaza y jamón. Huevo con mayonesa. Arándanos con queso Brie. Queso. Palitos de cangrejo a la mayonesa. Pan blanco o integral. Ella siente la saliva chorreando en su boca y entra. Hay un tipo joven limpiando con un trapo el área de servicio. ‘’Ya vamos a cerrar’’ dice, sin mirarla. Maleducado, piensa Bethany. ‘’Una taza de té para llevar y un Kit–Kat, ’’ dice. Ahora él la mira y ella puede ver un creciente interés.  Ella se da cuenta que debe verse algo exótica en su abrigo negro y su vestido rojo aquí en el West Parade en Bexhill–on–Sea.  El es moreno, este tipo – delgado, casi consumido – se ve muy cansado, sus ojos ensombrecidos. No se ha afeitado por algunos días. Le sirve su té y le pasa su Kit–Kat con una nueva sonrisa amigable. Ella le paga. Ahora tiene menos de dos libras. ‘Hora de cerrar, caballeros, ’’ dice él a los clientes. Tiene un ligero acento en su voz. El viste pantalones de chef a cuadros y suecos con su sudadera. Esa es la apariencia, ella observa, la apariencia de un chef agotado. Muchas drogas, piensa ella, cuando pasa junto a él, diciendo. ‘’Buenas noches. Adiós’

Bethany bebe a sorbos su té caliente de su vaso desechable y camina cerca del Sovereign Light Café. El tipo joven baja las persianas y las luces se apagan. En la parte trasera hay una silla de aluminio destrozada cerca de un contenedor. Bethany se sienta en la silla –es inestable, pero se sostiene. Ella sube el cuello de su abrigo y se come su chocolate. Casi se siente normal – aparte de la briza del mar el aire de finales de primavera es suave. Toma un gran trago de té caliente. Mira hacia el océano y, en la oscura línea donde el agua se encuentra con el cielo en el horizonte, ella ve un poderoso destello de luz– muchas millas a lo lejos. La puerta trasera se abre y el chef sale. Él la mira. ’’ ¿Que estás haciendo ahí?’’ le dice, cerrando la puerta detrás de él. El viste una chamarra gruesa con capucha de piel, vaqueros y tenis, se cambió el equipo de chef, carga una bolsa de plástico que sin dudarlo contiene sus suecos y sus pantalones a cuadros. ‘’ ¿No hay ninguna ley contra sentarse en una silla, o si?’’ dice Bethany, algo agresiva. El se encoge de hombros y hurga en su bolsillo, saca un paquete de diez cigarrillos. ‘’¿Me das uno?’’  pregunta Bethany. ‘’Por favor. Lo agradecería mucho. ’’ El enciende su cigarrillo y después el suyo. "¿De dónde vienes?” dice él. Bethany decide contarle. ‘’Me escape de Londres, ’’ dice ella. ‘’Un hombre me ataco – estoy algo así como escondiéndome. ‘’  El chef la mira de cerca. ‘’Odio Londres,’’ dice, simplemente, como si eso cubriera cada posible situación incómoda, como si eso explicara todo. El se recarga en la pared del café. ‘’ Si, trabaje ahí por un tiempo, ’’ le sonríe. ‘’No me gusta, querida. Prefiero estar al lado de la playa, en serio. ’’ La sonrisa le hace ver diferente por un momento, todo el cansancio se fue. El tiene los dientes blancos y parejos – Bethany observa: le gusta eso en un hombre. ‘’ ¿Es este tu café?’’ pregunta Bethany. ‘’No –  solo por hoy’’ contesta. ‘’Alguien se enfermo. Estoy en una agencia. Trabajo aquí – trabajo allá. Me viene bien.’’  El frunce el ceño como si estuviera pensando en algo. ‘’ Aunque, no me importaría ser dueño de una de estas cafeterías’’  dice.

‘’ Hacer una fortuna en el verano, descansar todo el invierno. La buena vida.’’ Bethany piensa: él tiene razón – tu vida sería muy simple. Aquí frente a Bexhill–on–Sea, trabajando duro la mitad del año, viajando la otra, haciendo las cosas que quieras hacer sabiendo que regresaras, dinero que ganar, seguridad… ¿Cómo te llamas? Pregunta ella. ‘’Carl,’’ le contesta. ‘’¿Carl que’’?  Él la mira, sospechosamente.  ‘’ ¿Por qué quieres saber?’’ Bethany apaga su cigarrillo  pisándolo bajo su zapato. ‘’Me gusta saber el nombre completo de las personas,’’ contesta. ‘’Las diferencia’’. ‘’ Carl Trueman’’ le dice, con un poco de tos. Bethany Trueman, piensa Bethany e inmediatamente se enoja consigo misma – tiene que dejar de hacer eso, es ridículo.  ‘’Bethany Mellmoth’’ se dice. Carl Trueman extiende su mano y se saludan, ella encuentra este gesto formal extrañamente tranquilizador. ‘’ Bien, me tengo que ir, ’’ él dice. ‘’Tengo un turno en la mañana, adiós. ’’ El da dos pasos y luego gira. ‘’¿Te vas a quedar aquí toda la noche?’’ ‘’Tal vez,’’ dice Bethany. El se quita la chamarra y se la entrega. ‘’Entonces, necesitaras esto’’ Bethany se pone de pie sorprendida. ‘Quedan dos cigarrillos en la caja. Regrésamela por la mañana. Seafront Brasserie sobre  la avenida De La Warr.’’ Le señala. ‘’Más o menos una milla por ahí, te preparare algo para desayunar. ’’ Bethany no sabe que decir mientras toma la chamarra. ‘’ ¿Tienes un teléfono?  Pregunta ella. ‘’ Solo necesito enviar un texto. ’’ El le alcanza su teléfono y le escribe a su madre: NO TE CASES CON DEMERSON.PELIGROSO.TE EXPLICO LUEGO.BETHANY. BESOS. Le regresa su teléfono a Carl. ‘’Te veo mañana, ’’ dice ella. ‘’Gracias. ’’ El se aleja. ‘’Mantente  caliente, Bethany, ’’ le dice, sobre su hombro. Mientras  él se va caminando, Bethany ve el destello en el mar. ‘’ ¿Qué es ese destello en el horizonte?’’ ella le grita. ‘’Eso es Sovereign Light, ’’ le contesta. ‘’La plataforma gigante del faro. De ahí el café tomo su nombre. ’’

Bethany esta sorprendentemente  cálida en la chamarra de Carl Trueman con el gorro puesto. Ella recarga la silla contra el contenedor  de esta manera ella puede descansar su cabeza contra él y abrazar sus rodillas con su cuerpo. La orilla de piel de la capucha enmarca la mancha oscura de mar y cielo que encierran al faro Sovereign Light y ella cuenta los constantes destellos, deteniéndose después de cien, tratando de recordar el nombre de aquel libro donde había un faro – un faro verde, recuerda – que tiene algún simbolismo relacionado con él.  Esperanza –  símbolo de esperanza. Tal vez el Sovereign Light podría ser su símbolo de esperanza, piensa vagamente, decide quedarse despierta hasta el amanecer, hurgando  en su bolsillo para pescar uno de los dos cigarrillos que quedan de Carl. Puede que ella tenga un aspecto tan cansado como el de él. 

Bethany se despierta al amanecer con el sonido de un perro ladrando. Ella se mueve ligeramente, acalambrada, y se da cuenta que una mano se le ha dormido. Masajea la sangre de vuelta, se para y corre por el lugar por un rato, dándose cuenta de que necesita ir al baño urgentemente. Hay un hombre en la playa con un perro pequeño y un detector de metales, agitándolo suavemente sobre las piedras. De un lado al otro. ’’ ¡Buenos días!’’ el grita. ‘’Buenos días,’’ ella contesta, sin pensarlo mucho, como si fuera la cosa más normal pasar la noche durmiendo en una silla de aluminio con una chamarra prestada afuera de un café en el West Parade en Bexhill–on–Sea. Si, piensa ella, y se encamina hacia el este, por la avenida, en dirección al Seafront Brasserie donde Carl estaría sirviendo el primer desayuno del día. Mataría por algo de tocino con huevos.

Carl Trueman. Buen nombre, piensa – como el Sovereign Light Café. Ella sigue caminando, con más energía ahora, el mar plateado a su derecha, los primeros rayos de sol de la mañana golpeando las perfectas curvas hemisféricas de los cristales de la escalera del De La Warr Pavilion, dejando brillo de estrellas y deslumbro bailando en sus ojos, y por alguna razón se siente extrañamente segura que todo estará bien, ahora – ahora que está en Bexhill–on–Sea, Cuna del Automovilismo Británico, encaminándose por un desayuno servido por su nuevo amigo Carl Trueman – y que todos su problemas se resolverán, de una manera u otra, eventualmente.