Google+

21 oct. 2012

Keane, nostalgia de los treinta



Madrid- Hay una pésima costumbre en las bandas de pop que quieren parecer intelectuales: empezar el disco con una instrumental, o colocar los primeros cortes los más enrevesados. Keane, a quienes muchos de los seguidores de ese tipo de bandas despreciarán, publicaron este año «Strangeland», un disco efectivo que va al grano en la primera escucha. El crítico de este periódico Xavi Sánchez Pons definió esa ambivalencia de sentimientos acerca de la banda británica como «el grupo que mejor encaja en lo que conocemos como ‘‘placeres culpables’’, esas canciones que, a pesar de ser horteras, las disfrutamos en silencio y en la intimidad. En este disco, hay unas cuantas», escribió. Pues deben ser unos cuantos los que se sienten así, porque Keane ha vendido todas las entradas en Madrid, Pamplona y Barcelona. 

Más de ochenta canciones
Su fórmula es una instrumentación ampulosa, unas cuantas gotas de dramatismo y un sonido muy personal que han convertido en marca de la casa. «Es muy difícil ser Keane sin querer sonar épicos –dice en Madrid Tim Rice-Oxley, teclista y compositor de casi todas las canciones–. Para este disco teníamos unas ochenta canciones grabadas y tuvimos que elegir las que más cohesionadas sonaban y las que más se ajustaban a lo que queríamos expresar». Es un «problema agradable llegar a los treinta y tener demasiadas canciones para hacer un disco», reconoce Rice-Oxley. «Nosotros estábamos en el Caribe, de vacaciones y le decíamos: ‘‘Buen trabajo, Tim sigue escribiendo’’», bromea Richard Hughes, batería de la banda. La unidad de los temas de «Strangeland» es un sentimiento de recapitulación. «Puede que hayamos llegado a una edad en la que tenemos familias, y que sea el momento de mirar atrás y volver a pensar qué quieres hacer con tu vida y cuáles eran tus sueños antes. Y qué queda de ellos. Cuáles quieres seguir persiguiendo. Qué es la felicidad, ese tipo de cosas», dice Rice-Oxley con un tono de voz cercano al murmullo. La nostalgia se hace muy presente en las canciones del álbum. La banda, que es la única junto con los Beatles en conseguir que sus primeros cinco discos hayan sido «número uno» en Inglaterra, ha pasado por altibajos, incluido el ingreso en una clínica de desintoxicación de su cantante y seña de identidad Tom Chaplin. La otra seña de identidad, la de hacer pop sin guitarras, duró tres discos, pero ya no se mantiene. «Aunque en este álbum el piano es el instrumento principal, así que creo que se puede considerar como pop sin guitarras... apenas», dice Hughes. Puede que para hacer frente a los avatares de la fama, los cuatro miembros de la banda se reunieron en Battle (East Sussex) en el sureste de Inglaterra. «Allí hay edificios fríos, nuestras escuelas, lluvia, y calles que no le importan a nadie. Pero para nosotros significan mucho. Y allí es donde pasan las cosas que nos gusta contar, los recuerdos que tenemos, las historias de la gente corriente, sobre la amistad, los sueños o el amor», dice Rice-Oxley. De allí surgieron cortes como «Sovereign Light Café» o «Day Will Come», a la altura de hacernos sentir «culpables» como nunca. El primer videoclip del disco lo dirigió el español Juan Antonio Bayona, fan confeso de la banda: «Es una obra de arte, tío. Es un genio».

Fuente: La Razón